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Miércoles 28 de octubre de 2026

POLÍTICA

Crisis en Bolivia: un llamado a transformar la cultura política

  • 04:09
  • Ignacio Trigo

Bolivia se encuentra en medio de una crisis multifacética que involucra no solo la economía, sino también la política y lo social. Los recientes conflictos han revelado, más allá de demandas sectoriales, una creciente desconfianza hacia las instituciones y un cuestionamiento a los actores políticos.

La duración de los bloqueos y la implementación del estado de excepción evidencian que los canales institucionales han sido superados por la presión ejercida en las calles. En este contexto, tanto el oficialismo como la oposición parecen estar más enfocados en fortalecer sus posturas que en fomentar el diálogo, lo que lleva a un sistema frágil donde el conflicto se convierte en un método habitual de negociación.

Ante el clamor por un cambio, surge la interrogante: ¿es posible transformar Bolivia si se mantiene una cultura política que convierte el conflicto y la desinformación en prácticas comunes en la lucha por el poder?

La política se limita a una dicotomía entre "el pueblo" y "la élite corrupta", donde el adversario se ve como enemigo y se ignoran los matices. Esta situación genera un ambiente propenso a prácticas que socavan la civilidad, tales como la intolerancia y la violencia, desdibujando la posibilidad de alcanzar acuerdos por el bien común.

En este marco, el debate público pierde su capacidad de generar alternativas efectivas. La polarización se convierte en una herramienta para obtener beneficios políticos, lo que alimenta la desinformación y simplifica los problemas. En esta dinámica, algunos se presentan como defensores de la verdad, mientras que otros son etiquetados como los causantes de todos los problemas.

La historia de Bolivia está marcada por conflictos políticos y territoriales, donde las luchas entre diferentes ideologías han sido la norma. Sin embargo, lo que parece novedoso es la tendencia a convertir la discrepancia política en una división moral absoluta, donde la complejidad y el aprendizaje quedan relegados.

La responsabilidad de los gobernantes es fundamental, ya que deben cumplir una función pedagógica que esclarezca las instituciones y los límites del poder. La democracia no solo requiere decisiones, sino también la capacidad de explicar y justificar esas decisiones para generar confianza en la ciudadanía.

La crisis económica, que se manifiesta en la escasez de combustibles, inflación y pérdida de poder adquisitivo, no es la única causa del descontento. La forma en que la sociedad procesa esta situación, ya sea a través del diálogo y la negociación o mediante el conflicto abierto, es crucial para el futuro del país.

Cambiar de autoridades no garantiza un cambio en la política. La transformación real radica en modificar la manera de entender y ejercer el poder, así como en reconocer al adversario como un interlocutor legítimo en el marco de las reglas democráticas.

Bolivia necesita no solo reformas económicas, sino también una educación cívica que fomente el respeto por el disenso y la convivencia pacífica. Este cambio cultural es uno de los más desafiantes y necesarios para el país.