Reflexiones de un padrecito sobre la juventud y la comunidad
En una emotiva carta, un sacerdote expresa su pesar por no poder mantener regularmente su columna, atribuyendo su ausencia a las múltiples tareas pastorales que desempeña. Su trabajo abarca la atención catequética en Hogares de Acogida para niñas, niños y adolescentes, así como en Centros de Reintegración de la Gobernación.
El sacerdote también se dedica a ayudar a menores trabajadores que viven en las calles, a quienes visita cada sábado en el centro histórico de Tarija. Además, dirige el Comedor Solidario "San Cristóbal", donde se sirven almuerzos a cerca de doscientas personas en situación de vulnerabilidad.
En su misiva, agradece a las autoridades de Sedeges y el Colegio San Cristóbal por la confianza en el equipo de voluntarios que trabaja en estas iniciativas. Destaca la importancia de su labor en la vida de los adolescentes, a quienes considera sus interlocutores desde el inicio de su columna en 2006.
El padre relata la diversidad de su trabajo, que lo lleva desde las calles del Mercado Campesino buscando ayudar a jóvenes en riesgo, hasta brindar consuelo a ancianos que comparten sus penas, y atender a aquellos que requieren los últimos sacramentos.
El sacerdote enfatiza su deseo de disculparse con los jóvenes por los artículos que no ha podido publicar y las reflexiones que no ha compartido. Reconoce que, aunque no es un experto en periodismo, siempre ha intentado compartir su experiencia con ellos en espacios como la Plaza 25 de Mayo y en sus colegios.
Finalmente, el sacerdote menciona textos que ha leído, reflexionando sobre diversos aspectos de la vida y la educación, y hace un llamado a la juventud a reflexionar sobre el futuro del país. Termina con un mensaje de aliento y apoyo para los jóvenes, reafirmando su compromiso de seguir acompañándolos en sus caminos.