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Sábado 12 de septiembre de 2026

POLÍTICA

Desafíos económicos en Bolivia: la influencia del FMI y el papel de los actores políticos

  • 00:09
  • Ignacio Trigo

La estabilidad del dólar en Bolivia está altamente influenciada por la decisión de los sectores mineros y agroindustriales de vender sus dólares. Este contexto ha sacado a la luz las diferentes posturas políticas que existen en el país.

Después de dos décadas de predominio del MAS, la política boliviana se había vuelto un espacio polarizado, donde se veía a los aliados como buenos y a los opositores como malos, sin lugar para matices. Sin embargo, la situación ha cambiado en la etapa final del gobierno de Luis Arce, lo que ha permitido que diversos grupos políticos surjan en un ambiente preelectoral. La reciente victoria de Rodrigo Paz, quien obtuvo un 32% de los votos en la primera vuelta y duplicó su apoyo en la segunda, refleja esta nueva realidad.

La inesperada victoria de Paz ha fragmentado el parlamento en hasta siete fuerzas políticas, todas ellas formadas por alianzas temporales, lo que dificulta la cohesión en las decisiones legislativas. A pesar de los intentos de crear un marco polarizado por parte del asesor de Paz, Fernando Cerimedo, la diversidad de matices y ambiciones dentro del nuevo gobierno se ha vuelto evidente, especialmente con la llegada del FMI y la aprobación del presupuesto nacional.

En este entorno, Samuel Doria Medina, quien busca recuperar protagonismo tras su paso por el gobierno de Jeanine Áñez, no ha logrado establecer un pacto político estable con Paz. Aunque Doria Medina contaba con una bancada que podría haber respaldado ciertas normativas, la falta de acuerdos claros y la aparición de bloqueos en la Asamblea han llevado a una ruptura. A pesar de esto, el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, permanece en su cargo, lo cual ha generado críticas.

Los analistas sugieren que Doria Medina y otros líderes opositores son conscientes de que su influencia podría desvanecerse si el gobierno de Paz logra estabilizarse. Las críticas hacia el gobierno no se tradujeron en un bloqueo efectivo de la legislación, aunque sí se aprobó la reformulación del Presupuesto General del Estado, un tema que ha generado cierta discusión sobre su relevancia.

Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha aumentado su presencia en Bolivia, abordando temas complejos de financiamiento y austeridad. Históricamente, el FMI ha impuesto condiciones a los países que enfrentan crisis de deuda, y aunque el gobierno actual se presenta como el responsable de las medidas, la realidad muestra que algunas exigencias previas, como la congelación de salarios y la liberación del tipo de cambio, están sobre la mesa.

El acuerdo inicial con el FMI es de 1.900 millones de dólares, aunque se han mencionado cifras más elevadas en el debate. Expertos en economía son escépticos sobre la efectividad de las políticas propuestas, señalando que esto podría resultar en un manejo artificial del mercado y un incremento potencial de las tensiones sociales.

Mientras tanto, el ministro de Economía, Gabriel Espinoza, asegura que la liquidación de dólares por parte de los exportadores agropecuarios y mineros es una prioridad. Sin embargo, la disposición de estos sectores para repatriar sus dólares es incierta, especialmente ante un panorama de precios fluctuantes y desafíos internos. Tanto el sector minero como el agroindustrial están revaluando su posición y capacidad de influencia en el gobierno, lo que podría ser determinante para el futuro económico del país.