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Sábado 12 de septiembre de 2026

POLÍTICA

Las diferencias entre las trayectorias políticas de Perú y Bolivia

  • 05:12
  • Ernesto Echalar

Desde la década de los 50, Perú ha sido percibido como un país con ciertas ventajas sobre Bolivia. A pesar de que Bolivia experimentó la revolución de 1952, Lima se veía como un lugar con un aire más tradicional y conservador.

En los años 70, Perú se embarcó en el populismo nacionalista liderado por Juan Velasco Alvarado, lo que generó una migración de jóvenes empresarios hacia Santa Cruz. En contraste, durante la misma época, Bolivia comenzaba a vislumbrar una incipiente democracia y controlaba la inflación, posicionándose como una economía en ascenso.

Con la llegada de Alberto Fujimori en 1990, Perú logró estabilizar su economía tras derrotar a Sendero Luminoso, instaurando medidas que separaron la política monetaria de la influencia gubernamental, lo que ha permitido a Perú mantener un crecimiento sostenido hasta hoy.

Sin embargo, en el siglo XXI, ambos países enfrentaron crisis políticas. Mientras Perú logró conservar cierta estabilidad, Bolivia estuvo bajo el dominio del MAS de Evo Morales durante casi dos décadas, lo que resultó en un deterioro económico notable.

Recientemente, en noviembre de 2022, Rodrigo Paz ganó la presidencia en Bolivia con el 32% de los votos, mientras que Keiko Fujimori, tras varios intentos, se alzó con el 50,13% de los votos en el balotaje de 2026 en Perú, evidenciando trayectorias muy diferentes.

La ceremonia de traspaso de poderes en Perú, a la que asistí el 28 de julio, resaltó las claras diferencias en las agendas de ambos mandatarios. Fujimori mostró un enfoque disciplinado y una selección de ministros con amplia experiencia, mientras que la agenda presentada por el presidente boliviano se percibió como desactualizada y con aspiraciones poco concretas.

Las propuestas de cooperación bilateral que llevó el presidente boliviano se centraron en el fortalecimiento de la portuaria de Ilo y un corredor ferroviario, ideas que parecen responder más a una rivalidad con Chile que a un planteamiento práctico para el desarrollo económico.

A esta falta de modernización en la agenda se suma la crítica hacia la Comunidad Andina, que ha demostrado ser ineficaz en la creación de un mercado común. Esta situación deja en evidencia la necesidad de que el servicio exterior de Bolivia elabore una agenda más contemporánea y adaptada a las realidades del siglo XXI, en lugar de presentar propuestas que parecen ancladas en el pasado.