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Martes 27 de octubre de 2026

SOCIEDAD

Del conflicto al diálogo: reflexiones sobre la cohesión social en Bolivia

  • 17:56
  • Álex Mogro

Las repercusiones de los más de 50 días de bloqueos entre mayo y junio aún son palpables en las calles de Bolivia y afectan la economía familiar. Según la Defensoría del Pueblo, la crisis dejó 22 muertes, 19 de ellas de personas que no estaban involucradas directamente en los conflictos.

La conflictividad no solo ha tenido efectos inmediatos, sino que también ha debilitado la economía, haciendo que muchas familias enfrenten una creciente preocupación por el costo de vida. Juan Carlos Núñez, director de Fundación Jubileo, y la mediadora Gabriela Ugarte, destacan la urgencia de restablecer mecanismos de diálogo y corresponsabilidad para evitar que las diferencias sociales escalen a confrontaciones.

Impacto en la economía y en la población vulnerable.

La crisis ha evidenciado la fragilidad de muchos sectores de la población. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan que el 44,7% de la población se encuentra en situación de pobreza por ingresos, y el 16,7% en pobreza extrema. Núñez advierte que, aunque algunos no estén por debajo de la línea de pobreza, su capacidad de resistencia ante nuevas crisis es limitada.

El encarecimiento de la vida también afecta a la clase media, que se enfrenta al aumento de precios y la pérdida de empleo. Según la Encuesta de Hogares, los ingresos requeridos para cubrir necesidades básicas son cada vez más altos, tanto en áreas urbanas como rurales, lo que limita la capacidad de las familias para destinar recursos a salud y educación.

La situación laboral de los jóvenes es otro punto crítico. Ugarte señala que este grupo enfrenta serias dificultades y propone incluirlo en los procesos de toma de decisiones que impactarán en su futuro. Un dato relevante es que durante el primer semestre de 2026, Chile otorgó más de 84 mil permisos laborales a bolivianos, lo que representa el 70% del total de permisos a extranjeros en ese periodo.

Núñez también resalta que la crisis no solo se mide por la cantidad de empleos perdidos, ya que muchos pequeños emprendimientos y economías familiares han quebrado. La eliminación de subsidios, la inflación y la incertidumbre económica son factores que han afectado a los pequeños productores, quienes deben competir con productos importados a precios más bajos.

El diálogo como herramienta para la reconciliación

Según Ugarte, es esencial ver el diálogo como un proceso estructurado, no como una reunión improvisada ante la crisis. Propone trabajar en cuatro aspectos clave: convicción, conexión, condiciones y capacitación para facilitar el entendimiento y el acuerdo entre partes en conflicto.

Ugarte también sugiere que tras situaciones de violencia se debe trabajar en la reconciliación, la reconstrucción de relaciones y la renovación de la cohesión social. "El diálogo sirve para cumplir con las tres áreas que involucran la reconciliación, que involucra la reconstrucción de las relaciones y también involucra renovar la cohesión social", explica Ugarte.

Además, para establecer un diálogo efectivo es crucial que los participantes sean representativos y que se reconozcan las diferencias de poder entre ellos. Ugarte destaca que la inclusión debe ir más allá de simplemente sumar más voces, también implica garantizar que los actores en desventaja tengan voz y voto en la conversación.

La experiencia de los bloqueos también ha subrayado la importancia de que el diálogo no sea un recurso exclusivo tras un conflicto, sino que se utilice como una herramienta de prevención y de participación democrática. Así, se puede evitar que las diferencias se conviertan en fracturas sociales, lo cual es un reto constante para la democracia en Bolivia.

Finalmente, Núñez enfatiza que la responsabilidad de reconstruir la confianza y la cohesión social recae en todos los sectores: la política, las organizaciones sociales y la ciudadanía, creando espacios donde las diferencias se procesen sin que quienes no están directamente involucrados en un conflicto paguen los costos más altos.