Desafíos de la crianza en la era digital: enseñando a manejar la tecnología con equilibrio
La realidad actual en muchos hogares bolivianos refleja un panorama donde los dispositivos móviles, videojuegos y redes sociales son parte fundamental de la niñez. Las actividades familiares, en ocasiones, se convierten en momentos de aislamiento, donde cada miembro de la familia se encuentra sumergido en su propia pantalla, lo que puede generar preocupaciones en psicólogos y educadores sobre la falta de interacción real entre ellos.
En el pasado, el debate se centraba en si era conveniente que los niños usaran tecnología. Sin embargo, hoy se reconoce que las pantallas son una herramienta presente en el aprendizaje y la comunicación, lo que ha llevado a replantear la pregunta: ¿cómo garantizar que el uso de dispositivos no reemplace el tiempo de juego, conversación o descanso?
Un estudio reciente de la Escuela de Alimentación de la Fundación EROSKI, realizado en España, revela que, aunque la televisión sigue siendo el dispositivo más popular entre los niños, el uso del teléfono móvil está en aumento. En Bolivia, donde el acceso a internet y smartphones ha crecido considerablemente en los últimos años, uno de cada tres niños ya tiene su propio celular. No obstante, los especialistas advierten que el enfoque no debe limitarse a cuántas horas pasan frente a las pantallas, sino a qué actividades dejan de realizar durante ese tiempo.
Los resultados del estudio muestran que muchos niños de entre ocho y diez años dedican entre dos y tres horas diarias a actividades recreativas en pantallas, cifra que aumenta a más de cuatro horas para aquellos de once y doce años. En la adolescencia, este tiempo puede alcanzar entre cinco y seis horas, excluyendo las horas destinadas a tareas escolares. Esta situación contrasta de manera significativa con generaciones pasadas, donde el entretenimiento estaba regulado por horarios y actividades fuera del hogar.
Un aspecto preocupante es el uso nocturno de dispositivos, ya que muchos niños admiten utilizar sus celulares al irse a dormir. Esto interfiere con su descanso, ya que la luz de las pantallas afecta la producción de melatonina, dificultando el sueño reparador. Las consecuencias incluyen problemas de concentración, irritabilidad y bajo rendimiento académico.
Además, la llegada de las redes sociales introduce un nuevo nivel de interacción entre los jóvenes. Aunque existen restricciones de edad para acceder a estas plataformas, muchos menores logran eludirlas, aumentando su exposición a contenidos inapropiados. Cuatro de cada diez niños han encontrado material que consideran inadecuado, lo que puede llevar a experiencias negativas en línea.
Un hecho revelador del estudio es que muchos niños sienten que las reglas sobre el uso de pantallas solo aplican a ellos, mientras observan a los adultos utilizando sus dispositivos sin restricciones. La crianza digital efectiva exige coherencia en las normas, involucrando a toda la familia en las decisiones sobre el uso de tecnología.
Los expertos sugieren que, en lugar de prohibir, es más efectivo educar a los niños en el uso responsable de la tecnología. Esto incluye acompañarles en su navegación, conocer las plataformas que utilizan y ofrecerles alternativas atractivas que fomenten actividades no digitales. La verdadera meta es que los niños aprendan a equilibrar su tiempo entre el mundo digital y las interacciones personales, asegurando que las experiencias compartidas y el tiempo en familia no se vean desplazados por las pantallas.