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Sábado 12 de septiembre de 2026

SOCIEDAD

El duelo por la pérdida de un hijo: una experiencia silenciada en Bolivia

  • 00:22
  • Vanessa Vacaflor

No hay preparación suficiente para enfrentar la muerte de un hijo. Este tipo de pérdida plantea un desafío profundo no solo para los padres, sino para toda la familia y el entorno cercano. La experiencia de Paula Miras, una madre española que perdió a su hijo Blai, resalta la importancia de poder hablar sobre este dolor en una sociedad donde el duelo infantil sigue siendo un tema poco visibilizado.

Tras la muerte de Blai, de solo dos años y cinco meses, Paula se sintió abrumada por la falta de espacios para compartir su dolor y buscar apoyo. Encontró que leer sobre la experiencia de otros padres era complicado, así que decidió crear un pódcast titulado "Un día más". En este espacio, familias en duelo pueden compartir sus historias, brindando un apoyo invaluable a quienes enfrentan situaciones similares. Este tipo de iniciativas son necesarias, especialmente en Bolivia, donde el acceso a un acompañamiento específico para padres en duelo es limitado.

La cultura boliviana, en ocasiones, fomenta el silencio en torno a la pérdida, lo que puede agravar el sufrimiento. Muchas personas evitan mencionar al niño fallecido por temor a causar más dolor a los padres, pero, como señala Paula, es fundamental recordar que esos niños existieron y forman parte de la historia familiar. Las frases comunes que intentan consolar, como "el tiempo todo lo cura" o "Dios sabe por qué sucede esto", pueden ser contraproducentes, ya que pueden hacer sentir al doliente aún más incomprendido.

El proceso de duelo no es uniforme; cada miembro de la familia lo vive de manera diferente. Los padres, abuelos y hermanos pueden experimentar la pérdida con distintos matices, lo que a menudo genera malentendidos e incluso conflictos. Es esencial que las familias aprendan a respetar y validar las diferentes formas de enfrentar el duelo, en lugar de compararlas o juzgarlas.

Además, el duelo tiene una dimensión práctica que muchas familias enfrentan sin el respaldo adecuado. Los trámites burocráticos que deben realizar tras la muerte de un hijo son abrumadores, y muchas personas se encuentran lidiando con ellos mientras aún están en estado de shock. El acompañamiento en estos momentos es crucial, no solo a nivel emocional, sino también en la gestión de la vida cotidiana.

Paula también compartió su experiencia de quedar embarazada dos semanas después de la muerte de Blai, una situación que trajo consigo emociones contradictorias. Este nuevo embarazo, que en otras circunstancias habría sido motivo de alegría, se tornó complicado por el duelo todavía fresco. Los especialistas advierten que el acompañamiento en estas situaciones es fundamental, ya que el nuevo bebé no reemplaza al hijo perdido, y las familias necesitan ayuda para navegar por esos sentimientos complejos.

La legislación laboral en Bolivia ofrece una licencia de tres días por la muerte de un hijo, pero no existe un marco que contemple un acompañamiento emocional más amplio. Muchos padres deben recurrir a licencias médicas bajo diagnósticos de salud mental, sin que se reconozca el duelo como un proceso natural y necesario. La falta de un apoyo estructural deja a las familias vulnerables, dependiendo de la empatía de sus empleadores o de sus propios recursos.

La experiencia de Paula Miras subraya una necesidad urgente: que la sociedad boliviana comience a abrir espacios para dialogar sobre el duelo infantil y brinde el apoyo necesario a las familias que enfrentan la pérdida de un hijo. Hablar sobre el dolor no lo elimina, pero puede ayudar a quienes lo sufren a no sentirse solos en su proceso.