El INE reporta inflación negativa en julio a pesar de la devaluación del boliviano
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha dado a conocer que en julio se registró una inflación negativa del 2,79%, a pesar de la devaluación de la moneda nacional frente al dólar estadounidense. Este informe se basa en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y compara los resultados con el mes anterior.
Desde la implementación del régimen flexible de cambio de divisas el 29 de junio, el tipo de cambio oficial aumentó significativamente, pasando de 9,73 a 12,15 bolivianos por dólar, lo que representa un incremento de 2,42 bolivianos. Sin embargo, a partir del fin de semana pasado, el valor del dólar ha comenzado a disminuir, situándose en 12,02 bolivianos al 5 de agosto.
En términos de inflación acumulada, hasta el séptimo mes del año se ha registrado un aumento del 1,89%, mientras que en los últimos 12 meses, la inflación alcanzó un 4,93%. Estos números son un contraste considerable con las proyecciones del ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, quien había estimado una inflación entre el 10 y 14% para 2026.
La disminución de la inflación se atribuye, en gran parte, a la normalización del abastecimiento de productos después de los bloqueos de carreteras que ocurrieron en mayo y junio. Esta mejora en la transitabilidad ha facilitado el transporte de productos desde las áreas de producción hacia los principales mercados, lo que a su vez ha aliviado la presión sobre los precios, especialmente en productos de primera necesidad como la carne de res, pollo, cebolla, zanahoria y plátano guineo.
Los alimentos que más contribuyeron a la reducción del IPC fueron la carne de pollo, la carne de res sin hueso, el plátano/guineo/banano, la carne de res con hueso, la cebolla y la zanahoria. Por otro lado, las mayores alzas en los precios se observaron en el transporte interdepartamental en bus, teléfonos celulares, perfumes, televisores, calzado para adultos y servicios de peluquería.
Esta variación negativa en el IPC de julio de 2026 se explica principalmente por la caída de precios en las categorías de alimentos y bebidas no alcohólicas, así como en los alimentos consumidos fuera del hogar.