El nuevo horizonte del gas boliviano: de un mar a otro
Años después de que Luis Alberto Sánchez aseverara que Bolivia contaba con hasta 1.000 TCF de recursos de gas no convencional, el actual presidente Rodrigo Paz Pereira retoma el concepto de un "mar de gas". Durante la presentación del pozo Montecristo-9, se realizó una comparativa con Vaca Muerta, el destacado yacimiento argentino, mientras se prueba una nueva tecnología para la producción de hidrocarburos en el país.
Sánchez había mencionado en 2018 que Bolivia tenía un potencial gasífero impresionante, pero la realidad de las certificaciones oficiales mostraba menos de 10 TCF en reservas reales. A pesar de las promesas de inversión, el fracking nunca se discutió abiertamente, lo que limitó el avance en la explotación de estos recursos.
Rodrigo Paz, en su intervención, subrayó que la estructura del pozo Montecristo-9 posee similitudes con la de Vaca Muerta, indicando que, si este desarrollo tecnológico es exitoso, podría abrir la puerta a la explotación de hasta 90 campos adicionales en Bolivia, con una inversión proyectada de 1.600 millones de dólares.
La complejidad de la tecnología
El enfoque de YPFB en Montecristo-9 busca evaluar la producción de gas y condensado de formaciones de baja permeabilidad. Desde el 14 de agosto, se han llevado a cabo operaciones de estimulación en etapas, con el objetivo de identificar si la explotación resulta viable económicamente.
Aunque la comparación con Vaca Muerta sugiere un avance, es importante aclarar que el éxito de este tipo de explotación no se basa únicamente en tener un recurso; se requiere un proceso completo que involucra inversión, tecnología y un marco regulatorio adecuado. La historia entre ambos "mares" destaca un cambio en la narrativa sobre el gas en Bolivia.
Además, el debate sobre el uso de fracking en Bolivia está abierto. YPFB habla de estimulación hidráulica, un término más amplio, pero el contexto sugiere que se están utilizando técnicas asociadas a la fracturación hidráulica, lo que podría generar preocupaciones sobre el manejo de recursos hídricos y el impacto ambiental en el país.
Comparar el "mar de gas" actual con el de hace ocho años implica reconocer un cambio en el enfoque y la tecnología. Montecristo-9 podría ser un experimento decisivo que defina el futuro de la industria gasífera en Bolivia. Si logra producir, abrirá nuevas oportunidades; si no, quedará como otra promesa en el camino.