La devoción por la Virgen de Urkupiña prevalece sobre el comercio y el avance tecnológico
En un contexto donde la tecnología y la inteligencia artificial dominan, las imágenes de los devotos de la Virgen de Urkupiña, que caminan varios kilómetros hacia el cerro de Cota, siguen siendo un símbolo atemporal de fe. Cada año, durante los días 14, 15 y 16 de agosto, miles de peregrinos se congregan en Quillacollo para participar de las actividades religiosas, con un notable incremento de visitantes que ya comienza a verse a lo largo de todo el mes.
La leyenda de la aparición de la Virgen se remonta a finales del siglo XVIII, cuando una niña que cuidaba ovejas en el cerro de Cota se encontró con una mujer y su hijo. Al relatar a sus padres lo sucedido, fueron testigos del ascenso de la Virgen hacia el cielo, lo que llevó a que la niña proclamara en quechua “Jaqaypiña urkupiña”, frase que originó el nombre con el que hoy se la venera.
La festividad ha alcanzado tal relevancia que, desde este año, el 14 de agosto es considerado un feriado departamental en Cochabamba, con suspensión de actividades públicas y privadas. Además, fue declarada Patrimonio Cultural de Bolivia en 2003 mediante la Ley 2536, buscando proteger sus tradiciones y el patrimonio religioso.
No solo se trata de un evento festivo lleno de danzas y comercio; también es una expresión profunda de religiosidad. Cada peregrino tiene una razón personal para asistir: agradecimientos a la Virgen, promesas por favores recibidos, o súplicas por salud, trabajo y prosperidad. Desde familias completas que caminan unidas, hasta bolivianos que retornan del extranjero, todos llevan consigo la esperanza y la fe.
La peregrinación hacia el cerro de Cota, conocida como el Calvario, incluye un ritual donde los devotos recogen piedras del cerro como símbolo de las bendiciones solicitadas. Estas piedras se convierten en un símbolo tangible de la esperanza, que se conecta con la tradición de pedir por bienes materiales o salud.
Por otro lado, la venta de alasitas o miniaturas en las cercanías del Calvario permite a los devotos visualizar sus deseos, desde una casa o un vehículo hasta prosperidad económica. Estos objetos son llevados ante la Virgen para ser bendecidos, fusionando creencias católicas con rituales andinos, donde la Pachamama y la Virgen coexisten en la fe de los bolivianos.