La importancia de la cooperación en la viticultura tarijeña
Durante su intervención en el VIII Encuentro Pro-Uva, Piero Carucci, un reconocido viticultor del CERAI, enfatizó la necesidad de formar asociaciones y cooperativas entre los pequeños productores de uva. Aseguró que esta estrategia no solo facilita el acceso a asesoría y maquinaria costosa, sino que también impulsa el desarrollo del sector vitivinícola en Tarija.
Carucci comenzó su charla compartiendo su experiencia personal al cultivar su propio viñedo. Mencionó que plantó una cubierta vegetal que creció más rápidamente que las plantas jóvenes, lo que le llevó diez días de trabajo solo para limpiarla. A pesar de que logró establecer su viñedo, reconoció que la inversión fue considerable y que el mantenimiento sigue siendo un desafío para los agricultores individuales.
Los números de la viticultura en Tarija y España
En Tarija, hay aproximadamente 3.500 hectáreas dedicadas al cultivo de uva, en contraposición con las cerca de 900.000 hectáreas que tiene España, que además produce 36 millones de hectolitros de vino, siendo que el 70% de esta producción proviene de cooperativas. En cuanto a la sostenibilidad, el 18% de las tierras vitícolas en España ya han adoptado prácticas ecológicas, lo que ofrece una lección crucial para los productores de Tarija.
Uno de los ejemplos más destacados fue el de BioPonent, una asociación compuesta por 150 familias de Lleida y la Franja de Aragón que gestionan alrededor de 6.000 hectáreas de cultivo, principalmente de frutas. Cada familia contribuye con cuotas anuales de entre 300 y 1.300 euros, lo que les permite financiar un equipo de siete profesionales que brindan asesoría y alertas sobre plagas. Este servicio, si se contratara de manera independiente, costaría entre 20.000 y 30.000 euros al año.
En contraste, la cooperativa valenciana La Viña, que cuenta con 80 años de trayectoria, agrupa a 1.500 agricultores y gestiona 2.400 hectáreas, casi la totalidad de los viñedos del valle central de Tarija. Carucci advirtió que formar parte de una cooperativa no es un camino sencillo, ya que se requiere de normas claras, organización en el uso de maquinaria compartida y una liquidación anual que determine la repartición de beneficios o pérdidas.
Carucci también mencionó que la cooperación acelera el aprendizaje entre los productores. Por ejemplo, en Monforte del Cid, una cooperativa de uvas de mesa moscatel enfrentó problemas de escasez de agua y técnicas ineficaces, pero logró implementar un proyecto con apoyo público y la Universidad Politécnica de Valencia. Esto permitió la difusión de resultados y avances entre los bodegueros de la región.
Finalmente, Carucci propuso un ambicioso objetivo a futuro: trabajar junto a la Gobernación, universidades y organizaciones locales para que la FAO reconozca la viticultura tradicional de altura de Tarija como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial. Actualmente, existe solo un número limitado de sistemas reconocidos a nivel mundial, y Bolivia carece de representatividad en este ámbito.
"Asociarse y pagar una cuota pequeña asegura un acompañamiento continuo. Solos, no se llega muy lejos", concluyó Carucci.