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Sábado 12 de septiembre de 2026

POLÍTICA

La Nueva Bolivia y sus Desafíos ante el Cambio

  • 01:53
  • Claudia Gareca

El 6 de agosto marcó el inicio de un nuevo período para el gobierno de Rodrigo Paz Pereira, quien presentó un discurso que no solo simboliza un comienzo, sino que también pone de manifiesto los grandes desafíos que tendrá que enfrentar. La "Nueva Bolivia" se plantea como más que un simple lema; se considera una estrategia destinada a transformar la narrativa actual de crisis en una de cambio y progreso. Esta propuesta exige un respaldo sólido para lograr resultados tangibles y evitar que pierda su efectividad.

Desde Sucre, el presidente intentó proyectar un nuevo amanecer, aunque la situación política actual es compleja y menos optimista que la versión oficial. Según datos de Ipsos Ciesmori, la aprobación del presidente ha caído del 65% al 32% en solo ocho meses, y un 74% de la población del eje central considera que el país se dirige en la dirección equivocada. Durante su discurso, Paz volvió a culpar a la administración anterior por la corrupción y el engaño, pero los abucheos que recibió al llegar a la sesión de honor indican que muchos ciudadanos consideran que los problemas actuales, como el aumento del dólar, la falta de combustible y el deterioro de la economía, son asuntos del presente.

Una de las propuestas más innovadoras de su discurso fue la idea de sustituir los pactos tradicionales por una forma de gobernabilidad que se base en las regiones. Paz destacó que Bolivia ha dejado atrás el tiempo del "jefazo" y abogó por una relación más directa entre el Gobierno, las gobernaciones y los municipios, buscando construir legitimidad desde las bases regionales. Sin embargo, la falta de una mayoría en la Asamblea Legislativa convierte esta elección en una necesidad política más que en un principio ideológico. En este marco, se firmó un acuerdo con los nueve gobernadores y se presentó la agenda 50/50, que busca transformar la debilidad parlamentaria en una fortaleza a nivel territorial, aunque aún está por verse si esta nueva estructura institucional podrá reemplazar la capacidad de negociación que requiere un sistema democrático.

En el ámbito económico, el Gobierno aboga por abrirse al capital privado mientras mantiene un rol activo del Estado. Paz mencionó la reducción del riesgo país de 2.200 a 421 puntos y la devolución de 940 millones de dólares al sistema financiero como indicadores de una recuperación de la confianza. Con base en esto, se anunció un paquete de reformas que comenzará con la Ley de Inversiones, que se espera sea presentada a la Asamblea el 11 de agosto, y se seguirán con modificaciones en los sectores de minería e hidrocarburos. La intención es atraer inversión extranjera, recuperar divisas y estabilizar el abastecimiento interno. Sin embargo, el verdadero reto será persuadir a los mercados sobre la existencia de una estabilidad jurídica y política que haga viable la inversión en un entorno aún incierto.

No obstante, un aspecto importante que quedó sin abordar fue la reforma de la Constitución Política del Estado. Si el Gobierno aspira a cambiar el modelo económico, redistribuir competencias y crear una nueva relación entre el Estado y las regiones, es crucial explicar qué soporte constitucional tendrán esas transformaciones. La falta de este debate genera incertidumbre sobre la factibilidad de la agenda oficial. Gobernar sin una mayoría legislativa impone la obligación de establecer acuerdos constantes, dado que las leyes no se aprueban por sí solas, sino que dependen de los legisladores que representan intereses políticos, cálculos electorales y presiones sociales. Sin ese respaldo, incluso las reformas más prometedoras podrían enfrentar dificultades.

Así, la verdadera prueba de la "Nueva Bolivia" no residirá en el discurso dado el 6 de agosto, sino en el contexto que se presente una vez que termine el Estado de Excepción, donde ya se anticipan nuevas movilizaciones por parte de diferentes sectores. Esa será la auténtica evaluación para el Gobierno, recordando que la historia política enseña que los discursos pueden influir temporalmente, pero solo los resultados son capaces de transformar el rumbo de un país. A eso se aspira en este nuevo ciclo.